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El café se cultiva en más de 50 países
entre los trópicos de Cáncer y Capricornio y existen
dos variedades principales de plantas de café: la Coffea
Arabica que tiene su origen en Etiopía y la Coffea Robusta.
Los mejores granos de café los produce el árbol Arabica, que
crece a alturas de entre 900 y 1.800 metros aproximadamente
y, entre éstos, los mejores son aquellos que crecen
en las mayores altitudes.
La Robusta (como su nombre indica) es una planta más
fuerte, indígena del Congo. Es menos propensa a enfermedades
y sobrevivirá tan sólo con pequeñas cantidades
de lluvia. Esta especie de café es menos aromática, más
alto contenido en cafeína, menos aceites y más
fuerte y áspero en la taza.
Tres o cuatro años después de su plantación,
los árboles de café alcanzan la madurez y producen frutos.
Los granos de café son las semillas de este fruto que
adquiere un color rojizo cuando está a punto para su
recolección; normalmente se hallan dos granos colocados
con la cara lisa frente a frente.
La recolección de los granos de café constituye un largo y laborioso proceso,
ya que no todas las bayas maduran al mismo tiempo ni madurarán
ya una vez que hayan sido cogidas.
Una vez recolectados, existen dos métodos para limpiar
los granos de café: el método seco y el húmedo. En el
seco o natural, los granos se extienden en delgadas capas
y son removidos con regularidad con el fin de que se sequen
todos por igual. Una vez secos, resulta ya fácil despojarlos
de la piel y la pulpa bien con la ayuda de máquinas
o bien, en las regiones más primitivas, con una piedra
molar.
Cuando los granos son preparados por el método húmedo
o lavado, una máquina los despoja primero de la pulpa
gomosa y después las cáscaras se dejan en remojo
en enzimas naturales que causan la fermentación de
dichas cáscaras, tras la cual resulta fácil
quitarlas mediante el lavado.
Finalmente se clasifican los granos y se les da un poco de
lustre para que tengan un aspecto atractivo, y después
se empaquetan en sacos listos ya para la exportación.
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