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En el proceso de obtención de la taza ideal
de café, a parte de la selección del mejor
grano, juegan un papel primordial los siguientes factores:
El tueste.
El grano de café sin tostar es prácticamente
insípido. En el proceso de tueste, el aceite
volátil del café queda liberado extendiéndose
por todo el grano según se va abriendo camino
hacia la superficie liberando a su vez su sabor.
Es una operación delicada y de suma importancia.
Cada grano de café requiere una temperatura y un tiempo de tueste
según su tamaño y para esto es necesaria
una gran experiencia.
Existen dos tipos de tueste de café:
- Natural: Consiste en el tueste del grano natural sin
añadir ninguna sustancia.
- Torrefacto: Durante el proceso de tueste se le añade
azúcar obteniendo un café que en la taza
resulta más oscuro y amargo. El origen de este
proceso data de principios de siglo XX para asegurar
una mayor resistencia del grano tostado al enranciamiento.
La molienda.
El tamaño de la partícula del café
molido está relacionado con el tipo de cafetera
que se utilice. Si hacemos una molienda excesivamente
fina, el agua pasa con dificultad entre sus partículas
provocando sobre-extracción y sabores poco agradables.
Por el contrario, una molienda gruesa no aprovecha adecuadamente
las características del café y necesitará
una dosis muy superior para una taza.
El envasado.
Una vez reducido a fino polvo, el café
pierde a ritmo vertiginoso sus aromas en contacto con
el oxígeno del aire. Una vez abierto el paquete,
lo más oportuno es conservarlo en un recipiente
hermético y en la nevera.
La preparación.
A la hora de preparar el café es muy importante
tener en cuenta las siguientes reglas:
- Cuanto más reciente y adecuado sea el tueste
y la molienda del café, mejor será el
resultado final.
- Para obtener el mejor resultado, recomendamos usar
7 gr. de café molido (aproximadamente una cucharada
sopera) por cada 100 cc. de agua.
- Tomar el café recién hecho. Nunca recalentarlo
ni dejarlo hervir ya que provoca un sabor amargo.
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